jueves, 28 de junio de 2012

Brujas, Bélgica




Año 1995. Brujas, Bélgica.

Siesta de sombra perfecta sobre un banco de parque.
Concierto de cuerdas y vientos cuando el sol ya declina.
Aire de prosapia europea en las piedras que nos rodean.
De pronto, sorda estampa de quietud en todo movimiento.
Extraño periplo de la física, feneció el espacio-tiempo.
Tan sólo perdura uno: el nuestro, singular y exclusivo.
La suma de aguijones perceptivos nos torció la dimensión.
El universo perdura, únicamente, en el verano de Brujas.
Yugo de Gótico Flamígero y dragones de bandera.
Tintineantes reflejos solares sobre la densidad de los canales.
Eternos segundos para contemplar tu hombro desnudo,
mientras sentados al umbral de una sólida puerta medieval, 
en un pasaje con arcos y destino de plaza,
le hacemos justicia a un sándwich de fiambre y mayonesa.


lunes, 25 de junio de 2012

Río Paraná, Misiones, Argentina





Año 2012. Río Paraná, Puerto Iguazú, Misiones, Argentina.

Candor que fluye. Brío y vigor.
Emerger caudaloso, de tuétano sincero.
Torbellino de delicada brutalidad.
Acción rebosante en busca de forma.
Barrancas vegetales, marco de niñez.

viernes, 22 de junio de 2012

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina




Año 2010. Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina.

Esqueletos de simetría castrense a la espera del verano.
Pálidos palotes, añoran en orden el jaleo de otros meses.
Algún caminante ermitaño, alguna gaviota distraída.
Tal vez unos enamorados jocosos o contemplativos.
Poco, muy poco. Migajas del pandemónium estival.
Firme sobre la costa, la paciente hermandad del poste.
Estoicos frente al viento. Impasibles al sol, la lluvia o la arena.
Sólo el tiempo, empecinado, demora el inicio de la temporada.
Tiempo corruptor, invita a la termita de la inquietud.
Pero los maderos, disciplinados, saben disimular.

miércoles, 20 de junio de 2012

Copenhague, Dinamarca




Año 2002. Torre de la iglesia Vor Frelsers Kirke, Copenhague, Dinamarca.

El micro nos dejó en un ordenado arrabal danés, lejos.
Amanecía con frío. Atravesamos dos horas de suburbio rumbo al centro.
De a poco, gente rubia surgía entre regios edificios de piedra gris.
Mapa en mano, buscábamos albergue. Rutina de recién llegados.
Entonces, sin aviso, se nos impuso una visión de perfil inquietante.
Una torre. Era una torre tocada de un nuboso ensueño de artificio.
Retorcida y espectral. Elegante y misteriosa. Oscura y resplandeciente.
Negra como hoguera humeante, negra como alma culpable.
Forjada entre vientos polares, entre gritos ahogados, entre bruma de mares tiesos.
Una epifanía nórdica nos daba la bienvenida.

lunes, 18 de junio de 2012

Málaga, España




Año 2001. Málaga, España.

Música rasgada sobre un banco solitario.
Ante la indiferencia ciudadana, nos quedamos.
Sentados enfrente, un poco alejados,
con las piernas estiradas, dejamos pasar los minutos,
sin apuro, escuchando temas desconocidos.
La parsimonia de quien no tiene donde ir.
Cuerdas despreocupadas para oyentes reposados.
Pasó gente, nadie se detuvo.
Al rato, sí se detuvo el intérprete y la música cesó.
Levantó la vista y nos vio. Vimos que nos vio y aplaudimos.
Inclinó la cabeza en lenta señal de agradecimiento.
Se incorporó, nos incorporamos, y cada quien emprendió su camino.

viernes, 15 de junio de 2012

Parque Nacional Nahuel Huapi, Río Negro, Argentina




Año 2011. Parque Nacional Nahuel Huapi, Río Negro, Argentina.

Tierra de perfumada humedad.
Luz de calmo tono invernal.
Piedra, hoja, agua, sangre: dosificados en minucioso desparramo.
Caballo blanco, caballo negro: exactitud de timba en su mesura.
Alerce, coihue, lenga, maitén: derramados en preciso entrevero.
Embrujo de elementos conjugados: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno.
¿Pero qué parte de la química, qué indescifrable alquimia, me desarma frente al cuadro?
¿Cuál es la sustancia que cautiva, ata y dificulta tanto el partir?
Fina y agresiva molécula, me ha tomado por asalto y la fortaleza se rindió.

jueves, 14 de junio de 2012

Cartagena de Indias, Colombia




Año 1998. Cartagena de Indias, Colombia.

Calidez de bullicio. Tranquilidad de soponcio.
Aroma a mar, de traza salada y regado invisible.
Caribe vehemente. Gente de digno sudor.
Suave rumor de palmeras. Alboroto de gaviotas.
Comidas al paso sobre veredas de sol.
Muros de silenciosa pasión. Puerto de memoria bucanera.

lunes, 11 de junio de 2012

Macará, Ecuador





Año 1998. Macará, Ecuador.

Horas y horas. Pueblos sin nombre. Río desmadrados.
Ese año El Niño azotó la costa del pacífico.
Viajábamos hacia el norte, desde Perú a Ecuador.
Avance lento, ritmo de peregrino. Unos kilómetros, pocos, y parar.
Detenerse porque el puente ya no está o el asfalto naufragó.
Pagar un peaje por uso de soga para no ser presa de la corriente.
Peripecias de cargas alucinantes entre espléndidos e intransitables barriales.
El azar de una cama, la bendición de una ducha. El pollo frito como máximo trofeo.
Tumultos en cada estación. Rumores sobre caminos abiertos o próximos a clausurarse.
Todo el pasaje a la vera del camino en plena discusión: 2ª ó 3ª marcha para tomar esa curva.
Mientras, el Mercedes ’72, ruge sin acertar a mantenerse dentro de la huella.
Por fin, la frontera. Crucigrama resuelto.
Ecuador nos recibe con amable parsimonia y promesa de descanso.


jueves, 7 de junio de 2012

Ámsterdam, Holanda




Año 1995. Ámsterdam, Holanda.

21 de junio, inicio del verano.
El avión aterriza y en la aduana algo de uno es incautado.
Quedan en custodia los saberes traídos, las referencias familiares, las certezas absolutas.
Se deja el aeropuerto huérfano de sí mismo. Hambriento de búsqueda.
Juicios infinitesimales se suceden, sin pausa.
El cartel de acrílico rojo intenso con el nombre de una cerveza en letras góticas amarillas.
La señal de perfecta redondez azul con una flecha indicando el sentido de la calle.
Dos mujeres que junto a esa señal y bajo ese cartel se detienen a conversar.
Los vestidos de esas mujeres, tan genéricos y tan novedosos.
La curvatura apenas ajada del marco torneado de la ventana,
desde donde se asoma un joven a mirar a las mujeres hablar.
Captar el infinito a cada paso. Encadenamiento desenfrenado de lúcidas percepciones.
Y entonces, sentir el propio reflejo ante el sol templado y extrañarse.
¿Es ese acaso el mismo sol conocido? ¿Es lo obvio por lo tanto cierto?
Puede que sí, puede que no.
Pero eso, entonces, era un tema menor frente al perfume irradiado por las mujeres que volvían a caminar 
dejando atrás el cartel, la señal y al joven observador.


martes, 5 de junio de 2012

Pisco, Perú




Año 1998. Pisco, Perú.

Trajín de privaciones tan antiguas.
Rigor al inhalar, rigor al exhalar.
Cómo avanzar cuando la noche todavía queda tan lejos.
Coraje de excepción travestido en rutina.
Denuedo temerario por un mendrugo de ayer.
Jamás una certeza de comodidad.
Desgaste continuo. Garantía de desamparo.
E igual, firme fuerza anterior, se insiste.
Dentro, donde todavía el viento no horadó, no existe la duda.
Anida la férrea convicción de un futuro convidado,
cuando el aroma sea estío y las risas profundas.

lunes, 4 de junio de 2012

Tandil, Buenos Aires, Argentina




Año 2008. Tandil, Buenos Aires, Argentina.

El burro acecha.
Terco. Aguarda. Paciente.
Creemos poder manejarlo. Creemos tenerlo controlado.
Nos ilusionamos en la idea de confinarlo. Domado y maniatado.
En un punto, nos desentendemos de él. Lo olvidamos.
Pero siempre cargamos con nuestro burro. Somos su alimento, su sustancia.
Y ante el espejo, si miramos bien, allí sigue. Acechando, el burro.

domingo, 3 de junio de 2012

Venecia, Italia



Año 1995. Venecia, Italia.

Durante la noche, el silencio flota.
Salimos de nuestra habitación rentada a una señora de inmemorial vestido negro.
Puentes de recargadas balaustradas, fachadas orgullosas de sus años.
Perseguimos una cena apta a nuestro bolsillo.
Caminamos con nuestro hallazgo de pizza.
Nos acomodamos en un palacete, quien nos invita a escaleras de mármol.
La calle es angosta, se escucha el taconeo de un paseante solitario.
Deleite de muzzarella y tomate. Comemos y nos reímos.
La risa transmuta en una algarabía de sinrazón, regada de hilarantes comentarios hoy olvidados.
Y entonces, al respirar hondo, la vida se manifiesta en cosquilleo.
Avanza hasta la conciencia para gritar que está allí.
Que el ahora es ahora, que la porción es pizza, que el adoquín es piedra,
que la risa es música, que el aire trae la humedad del canal.
Que todo pasará, pero que aún así ella, la vida, reconocerá en su memoria que un día, en Venecia, 
se detuvo entretenida a presenciar el concierto a dos voces de una cena solitaria.